Para mi ejercicio usaré la frase:
"Verdes, amarillas y rojas por supuesto. Incluso marrones. Pero ¿Azules? Era la primera vez que veía manzanas azules".
Entonces escribimos un cuento incorporando la frase en alguna parte del texto.
La bruja de las manzanas.
Era una vez una niña que vivía en un pequeño
pueblo cercano a un bosque.
Todos los jueves ella iba al mercado del
pueblo a comprar quince manzanas: cinco rojas, cinco amarillas y cinco verdes.
Un día llegó al mercado a comprar sus frutas,
pero un puesto llamó la atención; un vendedor con un sombrero verde gigante,
lleno de plumas de colores que gritaba "manzanas azules, poderosas y
mágicas". Verdes amarillas y rojas, por supuesto. Incluso marrones. Pero
¿Azules? Era la primera vez que veía manzanas azules.
La niña se acercó al puesto, ya había comprado
manzanas amarillas y verdes, así que tal vez solo por hoy compraría las bonitas
y brillantes manzanas azules.
— ¿A qué precio están las bellas manzanas
azules?— preguntó al excéntrico vendedor.
— Cinco monedas de oro por cinco manzanas,
pequeña niña— le respondió con una sonrisa de un diente de oro.

¿Cinco monedas de oro? ¡Eso era muy barato! La
niña compró las manzanas sin dudarlo y las colocó en su canasta junto a las
otras frutas.
Comenzó a caminar hacia su casa por el sendero
de piedras, pero algo obstruía su camino; un bulto cubierto con una tela negra
frente a ella, parecía una persona agachada, aunque su aspecto estaba
totalmente descuidado.
El bulto se movió y antes de que ella
reaccionara tenía una adorable anciana algo sucia frente a ella.
—Oh, no quería asustarte jovencita— dijo
suavemente la mayor al ver que la niña dió un salto del susto —Estaba por ir al
mercado a comprar una manzana, pero un señor vestido de verde y con un sombrero
de plumas me robó mi dinero y mis manzanas podridas que vendería como abono—.
—¿Manzanas podridas? Pero el señor solo vende
manzanas azules— la niña miró las manzanas que había comprado y se dio cuenta
de algo terrible: las supuestas manzanas azules eran realmente las manzanas
podridas recubiertas de una pintura brillante y espesa que se derritió y
contaminó los otros frutos que ella había comprado.
¿Qué le diría a su mamá ahora?
Lágrimas corrieron de los ojos de la pequeña
al pensar que había desperdiciado su dinero y que el resto de su comida se
había echado a perder.
—Querida, no vayas a asustarte, pero debo
decirte que soy una hechicera blanca y no puedo tolerar tanta maldad en un
estafador. Eres una niña y ni siquiera pensó en que esas manzanas tal vez son
lo único que podrías comer— la niña no dijo nada, en realidad no creía en magia
ni cosas por el estilo.
—¿Y cómo puedo recuperar lo que gasté?—
preguntó sorbiendo su nariz y mirando a aquella anciana.
Pero se llevó una sorpresa; la anciana se
había vuelto una mujer más joven y alta, de cabellos castaños y con una capa
blanca que cubría casi por completo su figura y rostro, solo dejando a la vista
sus labios.
—A partir de hoy te cederé estos poderes, para
que puedas identificar estafadores, criminales o asesinos y hacerlos quedar en
evidencia. Cuídate mucho, crecerás y te volverás una bella muchacha a la cual
muchos intentarán dañar— la mujer dijo
en una voz distinta a la que tenía cuando era anciana, se acercó para quedar a
la altura de la pequeña y le extendió un amuleto con una gema violeta en el
centro —Para que no olvides quien eres— dijo y, en cuanto la niña tomó el
amuleto, desapareció misteriosamente.
La niña volvió a su casa algo asustada por lo
que había pasado.
—Querida ¿Encontraste todo lo de la lista?—
preguntó su madre que se encontraba recostada en un sillón debido a su
enfermedad.
—Algo así— la infante suspiró y abrió la
canasta en donde llevaba las compras para mostrar las manzanas podridas, pero
se llevó una sorpresa al notar que solo estaban las brillantes limpias y
maduras manzanas rojas, amarillas y verdes.
Desde ahí comprendió que la mujer no estaba
jugando y que tenía que recordar ese encuentro por toda su vida.


















